En Cal Soldat, nos ha sorprendido la nevada de los días 9-10 de enero con sus 45 cm de nieve.

Desde nuestros miradores, con un café con leche caliente y sintiendo el calor de casa, el paisaje es fantástico.
Al día siguiente, alguien llamo a la puerta. ¿Quién será?
Le saludamos en el portal y nos dice que pasaba y deseaba saber cómo estábamos. Vaya sorpresa y a la vez que alegría.
Lo invitamos a entrar, hace mucho frio, y cuál es nuestra sorpresa cuando nos dice:

• Yo he nacido y vivido 10 años aquí en Cal Soldat y he sido muy feliz con mi familia.

Escuchar su relato de cómo vivían en los años 60, los senderos para ir a la escuela y que a veces se quedaban a jugar por el camino.

De cómo se sentaban en la mesa a la hora de la comida. Nos señala los espacios en su recuerdo y afloran los mejores sentimientos.
Y como van a Barcelona y este mundo desaparece para él y construye otro nuevo con su familia y su profesión.
Y nos alegra cuando nos dice que va a disfrutar de su vejez, en un pueblo cercano a Cal Soldat.
En su despedida quedamos en seguir conversando.

Esta llamada a nuestra puerta, nos reafirma, que el Espai Museum que estamos creando, no solo son los objetos sino además el legado de vivencias, pasiones y luchas para conseguir ilusiones.

Es lo que van a descubrir nuestros visitantes; la fuerza y el coraje que transmiten las historias de los objetos que aquí se exponen.